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السبت، 5 مايو 2012

Alejandro Zambra, el relevo chileno


Alejandro Zambra, el relevo chileno | Cultura | EL PAÍS:
Alejandro Zambra
El profesor chileno Alejandro Zambra vivió su boom literario hace seis años, a los 30, con la novela Bonsai. Ahora lo invitan a las ferias internacionales del libro como la de Buenos Aires y lo traducen hasta al japonés. Pero no pretende renunciar a la docencia. ‘La escritura tiene que estar libre de obligaciones. Si te tienes que demorar 10 años en un libro… ¡adelante!, eso es lo que hay que hacer. Yo tardé cinco años en escribir los 40 folios de Bonsái’. En España se acaba de publicar No leer (Alpha Decay), una colección de artículos y ensayos sobre literatura que llegará a Argentina en julio. En el libro escribe, entre otros, sobre Borges, Roberto Bolaño, Cesare Pavese, Sándor Máray. Trata de responder a la ‘típica pregunta’ de ¿qué piensas sobre la literatura latinoamericana? y explica cómo fue el proceso de creación de sus anteriores obras. Pero su artículo preferido es Elogio de la fotocopia, algo que no se entendería igual sin tener presente la realidad de la industria editorial en Chile.
‘Muchas grandes obras que fueron importantes para mí las leí en fotocopia. Los libros en Chile son objetos de lujo, carísimos. Parecen diseñados como para que la gente no lea. Las fotocopias me recuerdan los tiempos que uno le pasaba sus poemas a la amiga que estabas conociendo y hacías como un libro, o cuando un amigo fotocopiaba Guerra y paz, de 30 en 30 páginas. Por eso me interesan los e-books. Si finalmente puedes pagar mucho menos por un libro, ¿por qué no? El libro es solo un producto, lo importante es el texto. Y a la vez soy hiperfetichista de los libros. Me interesan todos los formatos. También me gustan mucho los audiobooks, porque creo que un buen texto debiera uno poder escucharlo en voz alta. La prosa tiene que tener ritmo. Y ese ritmo tiene que sorprenderte, provocar efectos específicos. No hay que olvidar que así era la literatura. La costumbre de leer en silencio es relativamente nueva. En las ventas del Quijote se lee una novela para que varios la escuchen’.
Bonsai
A Zambra le hicieron una oferta para llevar sus tres novelas —Bonsái, La vida privada de los árboles y Formas de volver a casa— al audiobook. Y puso como condición que lo leyera un chileno o un latinoamericano, no un español. ‘En la novela hay algunas reflexiones sobre el lenguaje. Y me parecía muy falso eso leído por un español, porque era una forma de hablar totalmente distinta. Me dijeron que no había problema, que iba a ser un español estándar. Pero luego me mandaron un ejemplo de lo que ellos consideraban un español estándar y era puro español. Iba a sonar muy rara mi prosa en ese acento’.
A sus estudiantes suele repetirles que no busquen un mensaje claro en las obras, que si la literatura entrega ese mensaje de forma nítida, probablemente no se encuentren ante un buen libro. Sin embargo, la realidad es otra cosa. Zambra cree que la sociedad chilena, a través de las protestas estudiantiles del año pasado, entregaron al Gobierno el mensaje inequívoco de que el país no puede seguir con la misma política educativa que ‘atornilló’ la dictadura de Augusto Pinochet. ‘El año pasado se vivió una sensación de comunidad como nunca antes se había visto. Era la sociedad entera la que salía a la calle. Fue un despertar que nunca había sido tan radical, tan masivo. Yo estudié en el Instituto Nacional, que es el único colegio público con un proceso de selección muy exigente. Fui el año pasado acompañando a un periodista extranjero y me impresionó ver cómo esos chicos, apoyados por sus padres, estaban dispuestos a repetir de curso llevados por ideales muy nobles. Creo que ese tipo de solidaridad le hace muy bien a Chile. Muchos niños decidieron repetir curso. No es una decisión menor en la vida de una persona. Pero no creo que este año estén dispuestos a repetir también. Finalmente, no se consiguió casi nada. Y por eso, ahora se está volviendo a hablar de protestas. Espero que las autoridades estén a la altura. Es difícil, porque Chile está totalmente amarrado. Ese es el estado de cosas que la dictadura atornilló en Chile con la educación. Y la Concertación —la coalición de Gobiernos de centro y de izquierda— se atrevió a soñar poco’."

(Via .)

Ernesto Cardenal:“La poesía en castellano no está muy bien”


“La poesía en castellano no está muy bien” | Cultura | EL PAÍS:
Ernesto Cardenal
     
     'No sabía que mi nombre sonaba para este premio', dice Ernesto Cardenal desde su casa de Managua (Nicaragua), donde acaba de recibir la noticia de que le han concedido el XXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Su voz se escucha clara, y un punto nerviosa, al otro lado del teléfono y asegura que aunque se lo comunicaron a las 5.30 de la mañana no lo despertaron porque él se levanta a las tres. Una costumbre que tiene, cuenta, desde hace muchos años, levantarse de madrugada y esperar el día en plena actividad y en guardia.
      'Es una sorpresa inesperada pero muy agradable y que agradezco mucho', reconoce este sacerdote, poeta, ensayista y revolucionario para quien su poesía no ha tenido evolución. 'Ha tenido siempre el mismo estilo, sin estilo'. Recuerda que su primera etapa se caracteriza por ser una poesía de juventud, amorosa, del enamoramiento. Después, agrega 'llegó mi relación Dios, algo que cambio mi vida y últimamente ha sido más relacionada con los aspectos sociales'. Cardenal colaboró con el Frente Sandinista de Liberación Nacional que luchaba contra el régimen de Somoza. Tras la victoria de la Revolución Nicaragüense, en 1979, fue nombrado ministro de Cultura del Gobierno del FSLN hasta 1987.
Justo una poesía en la que Cardenal, de 87 años, no solo busca escribir poemas sino también fomentar la escritura y la lectura de la poesía. 'He reivindicado lo social, lo político y lo revolucionario'. Poeta en la línea del chileno Nicanor Parra, Premio Cervantes 2011, reconocidos y admirados pero no premiados a quien ahora se les empieza a distinguir.
      Para el autor de libros como Hora 0, Epigramas, Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, El estrecho dudoso, Mayapán y  Tocar el cielo la poesía actual en castellano no pasa por su mejor momento: 'No está muy bien. No hay ninguna cosa nueva desde hace mucho tiempo'. Asegura que ahora no hay un auge, al menos, lo percibe así y en las publicaciones.
'¿Qué es la poesía?' repite en voz baja para luego decir: '¡Es el lenguaje! El lenguaje comienza con la poesía, después hubo la prosa'.
     Cardenal se entusiasma cuando habla de sus influencias donde Ezra Pound ocupa un lugar especial. 'Todos los poetas que estén influidos por él me gustan. También los estadounidenses como T. S. Eliot. La poesía yankee es muy distinta de la escrita en castellano'."

(Via .)

الأربعاء، 18 أبريل 2012

La escritura embrujada

الثلاثاء، 17 أبريل 2012

Mario Vargas Llosa:"Sería una tragedia que la cultura acabe en puro entretenimiento" | Cultura | EL PAÍS


"Sería una tragedia que la cultura acabe en puro entretenimiento" | Cultura | EL PAÍS:
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"A Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) le asaltaba desde hacía algún tiempo la incómoda sensación de que le estaban tomando el pelo. Lo empezó a sentir al visitar ciertas exposiciones y bienales, asistir a algunos espectáculos, ver determinadas películas y programas de televisión e incluso le ocurría cuando se arrellanaba en el sillón para leer ciertos libros y periódicos. En esos momentos, como él mismo cuenta, le sobrevenía la sensación, poco definida al principio, de que se estaban burlando de él, de que estaba ‘indefenso ante una sutil conspiración’ para hacerle sentir un inculto o un estúpido, para hacerle creer que un fraude era arte; un embuste, cultura.
De esa sensación surgió una convicción y de esta un ensayo, La civilización del espectáculo (Alfaguara). En sus páginas el premio Nobel de Literatura disecciona la conversión de la cultura en un caos donde ‘como no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es’. Esa disolución de jerarquías y referentes es consecuencia, para Vargas Llosa, del triunfo de la frivolidad, del reinado universal del entretenimiento. Pero los efectos de este clima de banalización extrema no se limitan a la cultura. Para el escritor, y quizá sea este su juicio más severo, el empuje de la civilización del espectáculo ha anestesiado a los intelectuales, desarmado al periodismo y, sobre todo, devaluado la política, un espacio donde gana terreno el cinismo y se extiende la tolerancia hacia la corrupción, algo que el autor de Conversación en La Catedral ilustra con una anécdota de su tierra natal:
‘En las últimas elecciones peruanas, el escritor Jorge Eduardo Benavides se asombró de que un taxista de Lima le dijera que iba a votar por Keiko Fujimori, la hija del dictador que cumple una pena de 25 años prisión por robos y asesinatos.
‘¿A usted no le importa que el presidente Fujimori fuera un ladrón?’, le preguntó al taxista.
‘No’ —repuso este— ‘porque Fujimori solo robó lo justo’.
Lo justo. La indiferencia moral. La civilización del espectáculo.
‘La frivolidad es teneruna tabla de valores completamente confundida, es el sacrificio de la visión del largo plazo por el corto plazo, por lo inmediato. Justamente eso es el espectáculo’ El ensayo, un diamante para la polémica, lo explica Vargas Llosa con voz cálida y precisa, que inunda la línea telefónica desde el otro lado de Atlántico, viernes por la mañana en Lima.
P. Mantiene usted que la cultura se ha banalizado, que triunfa la frivolidad en su peor sentido, que el erotismo pierde en favor de la pornografía, que la posmodernidad es, en parte, un experimento fallido y pedante, que el periodismo amarillea, que la política se degrada, que en la civilización del espectáculo el cómico es el rey… ¿Hay escapatoria?
R. Sí, hay escapatoria. La historia no está escrita, no es fatídica, cambia. Justamente nos ha tocado vivir una época en que hemos visto las transformaciones históricas más extraordinarias e inesperadas. Si alguien me hubiera dicho cuando yo era joven que iba a ver la desaparición de la Unión Soviética, la transformación de China en un país capitalista; si alguien me hubiera dicho que América Latina iba a estar en pleno proceso de crecimiento, mientras Europa vivía su peor crisis financiera en un siglo, no me lo hubiera creído y, sin embargo, todas esas cosas han pasado. Desde luego que se puede esperar una renovación de la vida cultural, de las artes, de las humanidades, y que abandone ese sesgo cada vez más frívolo, superficial, que yo creo que es una de sus características principales hoy en día; no la única, porque hay excepciones a la regla, afortunadamente. Pero esa banalización tiene consecuencias no solamente en el campo de la cultura, sino en todos los otros. Por eso en el libro me refiero a la política, incluso a la vida sexual, a la relación humana. Todo eso se puede ver muy afectado si la cultura vive en la banalización, la frivolización permanente.
‘No todos pueden ser cultos de la misma manera, no todos quieren ser cultos de la misma manera y no todos tendrían que ser cultos   de la misma manera, ni muchísimo menos’ P. Y eso le produce un cierto enfado, sensación de tomadura de pelo. ¿Desde cuándo?
R. Es un proceso, no llega de una vez, pero sí recuerdo, por ejemplo, el shock que supuso para mí hace algunos años visitar la Bienal de Venecia, que era una vitrina del prestigio y la modernidad, de la novedad, del experimento, y de pronto, después de un recorrido de un par de horas, llegar a la conclusión de que allí había mucho más fraude, embuste, que seriedad, que profundidad. Fue para mí una experiencia bastante importante, que me llevó a reflexionar sobre este tema. Al final del libro, en un texto que es bastante personal, cuento cómo enriqueció mi vida leer buenos libros, conocer la gran tradición pictórica, el mundo de la música, cómo eso dio un sentido, un orden, una organización al mundo que lo hizo para mí muchísimo más interesante, más rico, más estimulante. Yo creo que sería una tragedia que justamente en una época en que hay un progreso tecnológico, científico, material extraordinario, al mismo tiempo, la cultura vaya a convertirse en un puro entretenimiento, en algo superficial, dejando un vacío que nada puede llenar, porque nada puede reemplazar a la cultura en dar un sentido más profundo, trascendente, espiritual a la vida.
Los periódicos más serios tratan de resistir al sensacionalismo, pero si la supervivencia está en juego tienen que hacer concesiones P. Hay un momento, cuando habla usted de la añoranza, en el que dice: ‘Lo peor es que probablemente este fenómeno [la banalización de la cultura] no tenga arreglo y lo que yo añoro sea polvo y cenizas sin reconstitución posible’.
R. Espero equivocarme.
P. Ese pesimismo resulta llamativo en alguien de su éxito.
R. …nostalgia de viejo. A ratos siento, sí, cierta angustia porque… Mire, yo viví en Inglaterra y me acuerdo el deslumbramiento que me produjo ver la televisión; la que había conocido antes era muy pobre, muy mediocre, y de pronto descubrí que sí había posibilidades de utilizar la televisión en un sentido creativo y no solo porque los mejores escritores y dramaturgos escribían para la televisión… Había un programa que veía con pasión, se llamaba Panorama, periodismo de investigación. Me acuerdo, por ejemplo, de una entrega de dos horas sobre los disidentes en la Unión Soviética filmado en Moscú clandestinamente. Y de pronto, al cabo de los años, vi que la televisión de Inglaterra había caído también en la frivolidad total. Los mejores países, los que uno supondría que están más defendidos contra eso, han ido también sucumbiendo a esa especie de mandato generacional hacia el facilismo, la superficialidad, la frivolidad. Hay excepciones, desde luego...
P. …su propia obra es una excepción. ¿No es un ejemplo de que la capacidad de autocrítica sobrevive? ¿Qué no todo es autocomplacencia y frivolidad?
‘Estallidos como el 15 M son interesantes si no caen en el conformismo de la inconformidad’ R. Sí, pero es siempre preocupante que el mayor vigor, la mayor riqueza, esté ahora en el pasado más que en el presente; que no sea algo de actualidad, sino que hay que volver la vista atrás… Y hay otro aspecto. Junto a la frivolización, hay un oscurantismo embustero que identifica la profundidad con la oscuridad y que ha llevado, por ejemplo, a la crítica a unos extremos de especialización que la pone totalmente al margen del ciudadano común y corriente, del hombre medianamente culto al que antes la crítica servía para orientarse en la oferta tan enorme.
P. Pero lo que plantea es volver a los patrones culturales. ¿Es eso posible? ¿Existe legitimidad para hacerlo? ¿No hay un cierto aristocratismo en todo ello?
R. Aristocratismo es una palabra que provoca mucho rechazo, pero por otra parte el rechazo de la élite en bloque es una gran ingenuidad. No todos pueden ser cultos de la misma manera, no todos quieren ser cultos de la misma manera y no todos tendrían que ser cultos de la misma manera, ni muchísimo menos. Hay niveles de especialización que son perfectamente explicables, a condición de que la especialización no termine por dar la espalda al resto de la sociedad, porque entonces la cultura deja ya de impregnar al conjunto de la sociedad, desaparecen esos consensos, esos denominadores comunes que te permiten discriminar entre lo que es auténtico y lo que es postizo, entre lo que es bueno y lo que es malo, entre lo que es bello y lo que es feo. Parece mentira que se haya llegado a un mundo donde ya no se pueden hacer este tipo de discriminaciones. Porque eso sí, si desaparecen esas categorías es el reino del embuste, de la picardía… La publicidad reemplaza al talento, lo fabrica, lo inventa.
P. Usted extiende su crítica a la cocina o la moda que están pasando a formar parte de la alta cultura.
R. Justamente esa es una de las manifestaciones de esa banalización y de esa frivolidad. No tengo nada contra la moda, me parece magnífico que haya una preocupación por la moda, pero desde luego no creo que la moda pueda reemplazar a la filosofía, a la literatura, a la música culta como un referente cultural. Y eso es lo que está pasando. Hoy en día hablar de cocina y hablar de la moda, es mucho más importante que hablar de filosofía o hablar de música. Eso es una deformación peligrosa y una manifestación de frivolidad terrible. ¿Qué cosa es la frivolidad? La frivolidad es tener una tabla de valores completamente confundida, es el sacrificio de la visión del largo plazo por el corto plazo, por lo inmediato. Justamente eso es el espectáculo.
P. Pero no encierra esa perspectiva una excesiva idealización del pasado, como esa edad dorada platónica que tanto criticaba Popper, y que tiene como consecuencia fosilizar la sociedad, cerrarla al cambio...
R. No, yo no estoy por la fosilización. No soy un conservador en ese sentido, desde luego que no, y sé que en el pasado, al mismo tiempo que Cervantes y que Shakespeare, existía la esclavitud, el racismo más espantoso, el dogmatismo religioso, la Inquisición, las hogueras para el disidente… Yo sé muy bien que el pasado venía con todo eso, pero al mismo tiempo no se puede negar que en ese pasado había cosas muy admirables, que han marcado profundamente el presente, que enriquecieron la vida de las gentes, la sensibilidad, la imaginación. Y esa era una función que tenía la alta cultura, y hoy día no se puede ni siquiera hablar de alta cultura porque eso es incorrecto, políticamente incorrecto.
‘Hablar de moda y cocina se ha vuelto más importante que hablar de filosofía o música’ P. Hay una defensa muy interesante del erotismo en el libro, como obra de arte frente al ‘sexo descarnado’.
R. El erotismo fue en el mundo de la experiencia la conversión de un instinto en algo creativo, en una verdadera obra de arte y eso fue posible gracias a la cultura. Yo no creo que el erotismo nazca simplemente de una experiencia pragmática del sexo, ni muchísimo menos. Creo que es la cultura, que son las artes, el refinamiento de la sensibilidad que produce la alta cultura, la que crea el erotismo. El erotismo es una manifestación de civilizaciones, se da en sociedades que han alcanzado un cierto nivel de civilización. Y al mismo tiempo significa el respeto de las formas, la importancia de las formas en la relación sexual. Y ahí yo cito mucho a Georges Bataille, él defendió siempre el erotismo justamente como una manifestación de civilización, y fue muy reticente a la permisividad total porque creía que la permisividad total iba a matar las formas y al final se iba a llegar, otra vez, a una especie de sexo primitivo, salvaje. Y algo de eso ha pasado en nuestro tiempo.
P. Es decir, le falta erotismo a nuestra cultura.
R. Por eso el sexo significa tan poco para las nuevas generaciones. Significa un entretenimiento que es casi una gimnasia. Es como segar una fuente riquísima no solo de placer sino de enriquecimiento de la sensibilidad.
P. ¿Qué pensaría el Vargas Llosa de 25 años del libro que ha escrito el Vargas Llosa de ahora?
R. No me lo puedo imaginar. A nosotros nos ha tocado vivir una diferencia generacional sin precedentes en la historia. Precisamente por la extraordinaria revolución tecnológica, audiovisual, el mundo es tan absolutamente diferente que es muy, muy difícil ponerse hoy en día en la piel de un joven. Hay muchas cosas en el pasado que hay que suprimir, que hay que reformar sin ninguna duda. Pero hay una que yo creo que no, que hay que conservarla renovándola, actualizándola, que es la cultura. Una civilización que ha producido Goya, Rembrandt, Mahler, Goethe no es despreciable, no puede ser despreciable. Eso fijó unos ciertos patrones que deben ser, si se quiere, criticados pero mantenidos, continuados. Y esa continuación es la que yo creo que se pierde si la cultura pasa a ser una actividad secundaria y relegada al puro campo del entretenimiento.
P. Habla del pesimismo, del catastrofismo, incluso como un peligro mayor que la corrupción y cita una juventud apática, recluida en la hostilidad sistemática, aburrida. Fenómenos como el del 15-M, el de Occupy Wall Street, ¿no le generan cierta esperanza?
R. Sí, cierta esperanza sí. Siempre y cuando no se orienten en el sentido equivocado. Porque hay un cierto conformismo en la inconformidad. En eso Foucault escribió cosas muy interesantes. Pero sí, creo que hay estallidos entre los jóvenes que son bastante interesantes. No soy pesimista, sino más bien optimista, las cosas pueden cambiar para mejor. Pero hay algunos aspectos en los que es muy importante una crítica muy radical de un fenómeno representa una decadencia.
P. Una decadencia en la que incluye la corrupción política. Para ilustrarla cita usted una anécdota vivida por el escritor Jorge Eduardo Benavides, en Lima, cuando un taxista le dijo que votaba a Fujimori porque ‘solo robó lo justo’.
R. A mí me pareció maravillosa la historia. Hay una mentalidad ahí detrás ¿no? Un político puede robar; es más, no puede no robar, pero lo importante es que robe no más de lo debido.
P. Y ese tipo de conductas se están extendiendo…
R. …es por el desplome de los valores, no solamente estéticos, sino otros que antes, por lo menos de la boca para fuera, todos respetábamos. El político ya no debe ser honrado, debe ser eficaz. El ser honrado parece una imposibilidad connatural al oficio. Bueno, si se llega a un pesimismo de esa naturaleza entonces estamos perdidos. Y creo que no es verdad y yo lo digo, eso no es verdad. Pero hay una mentalidad que identifica la política con la picardía, con la deshonestidad. Es peligrosísimo sobre todo para el futuro de la cultura democrática. Si vamos a pensar eso entonces la cultura democrática no tiene sentido y a la corta o la larga va a desplomarse también.
P. Pero hay países donde hay mayor protección frente a la corrupción.
R. Por supuesto. La gran diferencia está en el mundo de la democracia y en el mundo del autoritarismo. En democracia hay corrupción, desde luego, lo estamos viendo todos los días. Pero precisamente lo vemos, sale a flote, existe una justicia más o menos independiente que puede todavía sancionar a los culpables. España es un ejemplo. Se puede decir que hay mucha corrupción pero estamos viendo casos de políticos importantísimos que son sentados en el banquillo de los acusados y que son condenados por pícaros, por ladrones, por traficantes. Bueno, esa es la gran diferencia. Eso no se ve en Cuba o China, donde de repente te enteras de que le cortan la cabeza a un señor porque dicen que delinquió y tenía cargos políticos. Hay diferencias. Y dentro de las democracias también. Las más avanzadas son menos corruptas que las más primitivas, las que son mucho más ineficientes. Recuerdo que en los años en que viví en Inglaterra, el escándalo más grande de corrupción fue el de un ministro de Margaret Thatcher, que no solamente perdió su ministerio sino que fue preso y perdió prácticamente todo su patrimonio por haber pasado un fin de semana en el Hotel Ritz de París, pagado por un jeque árabe. O sea, una corrupción de unos cuantos cientos o unos cuantos miles de libras esterlinas. Como comprenderá, eso en la época de Fujimori en el Perú era lo que robaba normalmente un pequeño alcalde. Ya no le digo los millones de millones de millones que consiguieron Fujimori y Montesinos. La sanción social fue muy escasa, puesto que en las últimas elecciones estuvo a punto de subir otra vez al poder con el voto popular. Esas diferencias sí son muy importantes. Y creo que es fundamental ser muy exigente y riguroso en ese campo, y no pensar que por ser político se tiene derecho a robar hasta cierto límite.
P. En las dictaduras hay evidentemente más corrupción. Pero también se da un fenómeno inverso. Ahí es donde la lucha de los intelectuales cobra mayor sentido. Es el caso de China con un premio Nobel de la Paz encarcelado.
R. Absolutamente. Cuando la libertad desaparece es cuando la libertad de pronto resulta importante. Y cuando la lucha por la libertad se convierte en una prioridad, el intelectual, el escritor, el poeta, el novelista, el pintor, de pronto empiezan a tener una importancia central en esa lucha. Ese es un fenómeno que lo estamos viendo en China, es interesantísimo, el caso de Ai Weiwei. Es una figura que representa hoy en día el espíritu de resistencia, la voluntad de apertura, de modernización, de democratización.
P. Al tratar de la degradación de los valores, incluye también el sensacionalismo en la prensa. ¿Cree usted en la autorregulación como una vía para atajar estas prácticas?
R. Creo que es la única. Que la propia prensa asuma una responsabilidad. Eso no se resuelve con sistemas de censura, ni muchísimo menos. Pero además yo creo que el sensacionalismo es la expresión de una cultura. La prensa forma parte de la vida cultural de un país. Y si la cultura empuja a la prensa a la chismografía, y hace de la chismografía un elemento central, al final el mercado se lo va a imponer a los periódicos, por más responsables y serios que quieran ser. Y eso lo estamos viendo en todas partes. Los periódicos más serios tratan de resistir, pero en un momento dado, si la supervivencia está en juego, tienen que hacer concesiones. El origen no está en los periódicos, el origen está en la cultura reinante, que impone la frivolidad y el amarillismo.
Hay una mentalidad que identifica la política con la deshonestidad, eso es peligrosísimo para el futuro de la cultura democrática P. Usted ha sufrido el sensacionalismo.
R. Lo he padecido. Toda persona que es conocida hoy en día es irremediablemente víctima de la chismografía. Pasas a ser un objeto que ya no puede controlar su propia imagen. La imagen se puede distorsionar hasta unos extremos indescriptibles. Mucho más si haces política en un mundo subdesarrollado. Allí ya todo puede ocurrir.
P. Y hay un efecto multiplicador con las nuevas tecnologías.
R. Frente a las cuales te puedes defender muy mal. A mí me pasó una experiencia hace un tiempo en Argentina. Una señora me felicitó por un texto que me dijo le había conmovido mucho de homenaje a la mujer. Y yo le dije que muchas gracias, pero que no había escrito ningún homenaje a la mujer. Pensé que era una cosa que se había inventado ella o que se había confundido. Un tiempo después me mandan mi elogio a la mujer, que había aparecido en Internet. Un texto de una cursilería que da vergüenza ajena, firmado por mí y lanzado al espacio con motivo de no sé qué. ¿Cómo te defiendes contra eso? Es absolutamente terrible. De pronto pierdes tu identidad, porque hoy en día hay esos mecanismos que permiten falsificaciones de esa índole. A mí me parece bastante aterrador. Tampoco puedes dedicar tu vida a rectificar. Al final dejas de escribir, dejas de leer, para tratar de rectificar todas las falsedades, invenciones que te atribuyen. Eso es uno de los aspectos justamente de la irresponsabilidad que ha traído la gran revolución audiovisual.
P. Pero también hay que reconocer que el universo de Internet y las redes sociales permiten la exposición universal de un artista o de un pensador al instante.
R. Y burlar todos los sistemas de censura; eso es un progreso. Pero al mismo tiempo también es otra forma de confusión que tiene efectos muy negativos en la cultura, en la información. El exceso de información en última instancia también significa la desaparición de la discriminación, de las jerarquías, de las prioridades. Todo alcanza un mismo nivel de importancia por el simple hecho de estar en la pantalla.
P. Aunque no ataca a las religiones, sino al contrario, se percibe en el libro un canto al ateísmo ilustrado. Hay un momento incluso que identifica cultura profunda con aquella fuerza capaz de reemplazar el vacío dejado por la religión.
R. La idea liberal, tradicional, de que con el avance del conocimiento, la religión se iba a ir desvaneciendo fue una ingenuidad. El grueso de la gente, países cultos o países incultos, necesita una trascendencia, algo que le asegure que no perecerá definitivamente, y que habrá otra vida de la índole que sea, y eso es lo que sostiene la religión. Solo una minoría de personas, y eso ha sido igual en el pasado y en el presente, llega a llenar ese vacío con la cultura, que les da suficiente seguridad, suficiente resistencia para aceptar la idea de la extinción. Pero es una ingenuidad combatir a la religión. Tiene una función que cumplir, y es dar ese mínimo de seguridad que permite vivir a la gente con la esperanza de otra vida, de una defensa contra la extinción que aterra a todas las generaciones, no importa que nivel de cultura tenga esa sociedad. Eso lo debemos aceptar los creyentes o no creyentes, siempre y cuando la religión no pase a identificarse con el Estado, porque entonces desaparece la libertad. La religión por definición es dogmática, establece verdades absolutas, y no quiere coexistir con verdades contradictorias. Pero mientras la religión ocupe el espacio que le es propio, creo que es indispensable para que una sociedad sea verdaderamente democrática, libre, en la que se pueda coexistir en la diversidad.
***
La diversidad, la libertad, la tolerancia. El escritor vive y revive en esas palabras. A lo largo de la entrevista, la amargura que, a veces, asoma en su discurso ante lo que considera la devastación de la cultura, siempre se atempera con ellas. De algún modo, son su anclaje ateo y su religión frente al espectáculo.
—‘Hemos escrito otro libro, ¿eh?’, bromea antes de despedirse"

(Via .)

El escritor Jordi Sierra i Fabra :"Soy una factoría creativa, ¿y qué?" | Cataluña | EL PAÍS

 

"Soy una factoría creativa, ¿y qué?" | Cataluña | EL PAÍS:

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"El niño que sentía que le ‘faltaba el aire y la vida’ cada vez que su padre le repetía que jamás lograría ganarse la vida juntando palabras es actualmente un señor de pelo blanco sin ningún reparo en confesar que se considera ‘una factoría creativa, una máquina, un tipo que se sale de lo normal y que rompe esquemas’. Sencillo pero elegante, en vaqueros y con un jersey rojo del que cuelga un broche en forma de guitarra eléctrica, Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947) ha respondido a las preguntas que le han formulan los lectores de EL PAÍS en una entrevista digital con la misma disciplina profesional que asegura haber aplicado en la elaboración de los más de 400 libros que tiene en su haber. ‘En cualquier libro mío el lector suele quedar atrapado en el primer capítulo, y si llega a la página 20 ya no lo suelta’, afirma el autor que este Sant Jordi presenta cinco novedades: Sombras en el tiempo (premio de Novela Ciudad de Torrevieja), Ocultos, L’estrany (premio Barcanova), Sonidos del corazón y El drac, la princesa, Sant Jordi i la rosa.

Cada interpelación de los lectores es primero respondida con una mirada al monitor a medio camino entre el asombro y la concentración, seguida por una honda respiración y un fugaz frotado de barbilla. Sumerge los ojos (y los índices) en el teclado y desata un rumor de metralleta que solo cesa cuando levanta la vista para releer lo escrito. Nunca para corregirlo.

Reconoce que cuando un periodista aborda el contenido de sus libros y le asigna la etiqueta de ‘autor juvenil’, un ‘¿qué será eso?’ le ronda por la cabeza. Lo que no quita para que, 10 millones de libros vendidos después, reconozca que no serían tantos de no ser por los ‘benditos maestros’ que recomiendan sus títulos.

Es un hombre sin estudios que empezó con las viñetas del Capitán Trueno y cuya formación se reduce al acto de ‘devorar libros’ El hombre sin estudios, el que empezó con las viñetas del Capitán Trueno y cuya formación se reduce al acto de ‘devorar libros’ es en la actualidad un escritor con 20 títulos a la espera de ser publicados y que siempre que acude a su refugio mental en la localidad barcelonesa de Vallirana regresa con ‘varios libros’ nuevos bajo el brazo. ‘Escribo lo que me gusta. Cuando me gusta y como me gusta’, sentencia.

Define el rock, género musical entre otros del que fue cronista en la década de 1970, como la energía de su vida, la banda sonora con la que sigue viviendo, y declara que sus cuatro pilares son los Beatles, Bob Dylan, Led Zeppelin y Bruce Springsteen. Asegura que jamás le ha importado el dinero y se considera ‘libre, independiente y feliz', una persona a la que solo le molestan las mentiras: ‘Periódicamente sale gente que habla sin conocimiento’, señala, en referencia a aquellos que aseguran que recibe ayuda en su prolífica actividad creativa. Pero no, Sierra i Fabra clama que no tiene ni secretaria. 'Me gusta escribir y soy muy rápido'.  Solo tiene un método: 'Trabajo, trabajo y trabajo'.

Su padre falleció dos semanas antes de que pudiera verle recoger el primero de una larga lista de premios literarios. Metódico, Sierra i Fabra confiesa que en su funeral sonarán tres canciones: Imagine de John Lennon, Like a Rolling Stone de Bob Dylan y, quizá como una forma de despedida hacia su amada literatura, Babe I’m Gonna Leave you, de Led Zeppelin. Hasta entonces, no cabe duda de que este hombre seguirá creando: ‘Lo mío es una necesidad. Pura pasión’.

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Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 26 de julio de 1947) es un escritor español, que destaca por la variedad de temáticas y registros en su narrativa, ya que aborda todos los géneros, y porque refleja como ningún otro el castellano que se habla en las zonas del catalán. En los últimos 25 años sus obras de literatura infantil y juvenil se han publicado en España y América Latina. También ha sido un notable estudioso de la música rock desde fines de los años 60. Fue fundador y/o director de numerosas revistas, El Gran Musical, Disco Exprés, Popular 1, Top Magazine, Extra o Súper Pop, la última, ya en 1977, cuando había dejado la música por la literatura.(Via .)

الاثنين، 9 أبريل 2012

'Habitaciones privadas' obtuvo el premio internacional de relatos NH-Mario Vargas Llosa


Peri Rossi: "La libertad de expresión implica también la libertad de ignorancia" | Cultura | EL PAÍS:
Peri Rossi
Habitaciones
     Un recorrido por las escenas más íntimas y personales de lospersonajes que viven en la mente de Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941). Una inmersión en sus Habitaciones privadas, que es el título de su última publicación: poco más de 100 páginas que contienen 10 relatos breves (que no microrrelatos), cuentos de ficción que bien podrían ser reales. “Los microrrelatos pecan de ingeniosos. Habitaciones privadas es más una mirada a personajes que viven un momento conflictivo de sus vidas”, explica la escritora a través del teléfono. El compendio de historias llega a ser publicado, por primera vez, por la editorial Menoscuarto, casi dos años después de recibir el premio internacional de relatos NH-Mario Vargas-Llosa.


   Todos los personajes del libro tienen algo en común: son profundamente solitarios, el gran tema del siglo XXI. “Las redes sociales se explican por la soledad, y necesitar amigos virtuales o seguidores que no conoces refleja un narcisismo individualista”, asegura Peri Rossi. “Desde los tiempos del Paleolítico hasta hoy, todos los hombres y las mujeres hemos necesitado lo mismo: cariño y comida”. Suena poco lírica la reflexión saliendo de la boca de una poetisa: ¿y la Cultura? “Efectivamente se podría sobrevivir sin Cultura. Lo que sucede es que los hombres queremos diferenciarnos al máximo de los monos, y por eso llamamos Cultura a las formas más exclusivas, las que no tienen los animales: la pintura, la literatura…”. Y de nuevo la escritora se enzarza en una batalla entre cultura y redes sociales: “Hoy encontramos una enorme cantidad de poesía en esos blogs infinitos, un fenómeno que va a modificar lo que está considerado como buena o mala poesía, porque de pronto aparece la poesía popular. Siempre hubo diferencia entre cultura popular y la otra cultura (novelas populares, el folletín)”. Internet permite que la gente intercambie su información y sus opiniones, aunque sean poco fundamentadas. “La libertad de opinión”, explica la autora, “también implica la libertad de ignorancia”.
      Si existe ese furor por las redes sociales quiere decir que hay un déficit en las relaciones humanas. A mí me daría miedo relacionarme con alguien que no conozco" Las vidas de Habitaciones privadas buscan un espacio propio, algunas a través de escapadas y momentos íntimos, otros hacen de las nuevas tecnologías su burbuja privada, pero, ¿hasta qué punto puede Internet considerarse un espacio de intimidad? “Precisamente ese es también un espacio de soledad. La soledad la necesitamos a veces, pero otras nos sofoca, nos asfixia. Si existe ese furor por las redes sociales quiere decir que hay un déficit en las relaciones humanas. A mí me daría miedo relacionarme con alguien a quien no conozco. Yo elijo mis relaciones”. A pesar de su conflicto personal con el mundo virtual, Peri Rossi admite que, como fenómeno, Internet y las redes sociales son muy importantes “puesto que todo el mundo tiene la oportunidad de oír y ser oído”.
        El objetivo de Peri Rossi en este último libro es ambicioso: quiere tomarle el pulso a las relaciones que nos ha tocado vivir, y lo hace sin pelos en la lengua. “Es muy necesario bajar en nivel del sexo, vivimos en una sociedad hipersexualizada en imágenes, pero hay miradas de amor que valen más de un coito. Los personajes de mi libro tienen más necesidad de hablar que de hacer el amor. El sexo en formato de instinto es puramente genital, que es completamente distinto que hacer el amor, algo mucho más artístico. No podemos confundir la erótica con la pornografía”.
      De las redes sociales a la soledad, de la soledad al sexo y del sexo a las miserias del sistema capitalista en que vivimos. Cristina Peri Rossi salta de un tema a otro con una agilidad pasmosa. Si el sexo es la parte más instintiva de nuestra soledad, la escritora encuentra rápidamente en él un nexo con la filosofía, el sistema, el tiempo como valor que reconduce a la soledad. “Freud decía que el siglo XX iba a ser el siglo del contraste entre la Cultura y el instinto, y ese contraste es latente: una cosa quiere aplastar a la otra. El capitalismo es antiamoroso y antiamistoso”, sentencia sin titubear. “El capitalismo necesita rendimiento, gente que trabaje 16 horas diarias y llegue agotada a su casa. Sin embargo plantea un mundo ideal: las revistas, la moda, el cine… Es la forma más sádica de engañarnos”. La uruguaya plantea el clásico ejemplo del marciano que un día aparece en la Tierra accidentalmente: “Si el extraterrestre mirase la publicidad y las revistas, si observase la sociedad en que vivimos, seguramente pensaría que este es un mundo ideal, pero no es la realidad. El capitalismo es el sesgo que hace que la gente tienda a creer que si produce más va a tener acceso a todas esas cosas, al ocio y a los placeres. Pero no, porque el sistema no nos permite tener ese tiempo para ser rico”. ¿Y qué es ser rico, tener mucho dinero o mucho tiempo? “Tener mucho tiempo, como yo. Por eso escribo y soy pobre”.
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